Hacer las cosas porque sí
Sobre Dejounte Murray y la motivación más allá de la obligación o el dinero.
Cuando dejé nbamaniacs en 2024 y seguidamente abrí este rincón llamado 82 partidos pasé unas cuantas semanas haciendo algo que no tenía sentido si de productividad, rendimiento o retorno de la inversión hablamos.
Una vez que la casa que fundé en 2008 había dejado de ser mía y que decidí crear este sitio, pensé que estaría bien recuperar antiguos textos que había escrito y publicado por aquí y por allá. Estaba la metedura de pata de Morey en China y mucho más desde 2019, aunque también había material de las míticas Finales de 2016 vistas desde dentro o de cuando Michael Porter Jr. era un proyecto averiado en 2018.
Ya ves tú quien iba a estar interesado en leer algo sobre la NBA con cinco, seis o siete años de antigüedad. Perder el tiempo en eso en lugar de dedicarlo a otra cosa, aunque fuese descansar. Pero entendí que había que hacerlo. Que no era productivo ni eficiente, pero sí lo correcto. Si me apuras ni siquiera era «lo correcto». Simplemente quise emprender esa tarea porque sí, porque me lo pedía el cuerpo, porque consideraba que estaba mejorando 82 partidos en un 0,01%.
Cuento lo anterior porque esta semana volvió a jugar Dejounte Murray. Trece meses después de su terrible lesión, Murray tenía que decidir si merecía la pena saltar a pista en un contexto del todo menos apetecible: el temor a la recaída, el contrato asegurado, apenas mes y medio de regular season para un equipo que estaba sentenciado desde hacía tiempo y que en ese momento iba 18–38, lejísimos siquiera de plantearse con seriedad pelear por el play-in.
Dejounte, que solo en el último año y medio había vivido un ictus de su madre, el asesinato de uno de sus primos, una sobredosis de su tío y un Aquiles roto en primera persona, podía optar por lo fácil. Pero no.
«Podría haber renunciado a jugar y haber sido un imbécil. Algo en plan ‘No, no voy a jugar. Voy cobrar mi dinero y voy a descansar más, recuperarme durante más tiempo’. Pero yo soy lo contrario a eso. Me encanta este deporte y me situé en una posición desde la que poder decir que quiero volver y jugar no solo por mi familia y la organización, sino también por la ciudad de Nueva Orleans. Siento que mi mejor baloncesto está por llegar debido a mi mentalidad. No me importa el dinero, no me importa la fama, el estilo de vida. Me encanta este deporte, y voy a sacar todo lo que pueda de este deporte hasta que se acabe».
Son muchos los casos en los que el jugador no ha vuelto a pisar la pista estando en una situación parecida. Sin ir más lejos lo de esta temporada, con tantos nombres que es difícil mencionar a todos aún teniendo en cuenta que no se puede meter a todos en el mismo saco y que en ocasiones son los propios equipos los que ’prohiben’ el regreso, pero: Young, Davis, Zubac, Irving, Lillard, Sabonis, LaVine, Nurkic…
«¿Somos un equipo candidato? No. ¿Podemos alcanzar la sexta posición? No. ¿Podemos construir algo jugando juntos y construyendo hábitos ganadores el resto de la temporada? Sí. ¿Podemos encarar cada partido como si fuese un partido por el campeonato y ganar, ganar y ganar? Sí. ¿Podemos meternos en los últimos puestos que dan acceso al play-in? Duhhhhh».
Jugar porque sí. No es lo más inteligente, ni lo más eficiente. Tal vez ni siquiera lo más recomendable. Pero él siente que es lo correcto, lo que le pide el cuerpo.
Contrasta también con la última ocurrencia de Mat Ishbia, el dueño de los Suns. Un hombre que tiene tantas ideas y dinero que en unas ocasiones se pasa y en otras acierta. Ishbia está siendo uno de los propietarios que más se está mojando públicamente en contra del tanking y de él ha salido la última propuesta para mejorar el All-Star, el cual se celebrará en Phoenix el año que viene: ofrecer un millón de dólares tanto al ganador del concurso de mates como al de triples para que así los mejores jugadores del mundo quieran participar.
Si tras años de pérdida de sentido del fin de semana del All-Star por falta de amor propio, nulo respeto a la historia, la competición y a los aficionados y de pasar olímpicamente de un comisionado que no ha sabido ser lo suficientemente duro, ya solo nos queda la pasta como motivación…
Siento decirte, Ishbia, y tú lo sabes tan bien como yo, que hay más corazón y aprendizaje en quince minutos de juego de Murray «porque sí» que en dos horas de concursos en los que los participantes, por muy brillantes que sean, solo están ahí por el dinero.
De momento los Pelicans llevan cuatro victorias seguidas desde que se supo que Murray volvería. Él solo ha participado en dos, pero pocas casualidades hay en la vida. Cuando alguien hace lo correcto, otros muchos siguen la estela.
Hacer las cosas porque sí. Porque está bien. Por nada más.
Buen domingo.
—Elio


